Ni los pingüinos se salvan: Trump pone aranceles a islas desiertas y lugares remotos
- guizarnoehmi
- hace 1 día
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Donald Trump lo ha vuelto a hacer. Su ya legendaria guerra comercial, que ha puesto en jaque a potencias económicas como China y la Unión Europea, ahora ha tomado un giro inesperado. El nuevo objetivo: territorios de los que casi nadie ha oído hablar y que, en muchos casos, ni siquiera comercian con Estados Unidos. El presidente, en su afán de demostrar su política de "aranceles recíprocos", ha incluido en su más reciente decreto a lugares tan remotos como Lesoto, en África, y las Islas Heard y McDonald, un territorio australiano deshabitado en el océano Índico.
El caso de Lesoto ya es llamativo: el pequeño país africano ha sido señalado despectivamente por Trump y ahora enfrenta aranceles del 50%. Sin embargo, la verdadera sorpresa ha sido la inclusión de las Islas Heard y McDonald en el listado. Estas islas, cubiertas en su mayoría por hielo y con una población de exactamente cero personas, ahora deberán pagar un arancel del 10% por sus inexistentes exportaciones a EE.UU. La decisión ha sido motivo de burla y confusión, ya que, hasta el momento, no hay registro de que estos pedazos de tierra volcánica hayan enviado un solo producto a Estados Unidos en toda su historia.
Por si fuera poco, no son las únicas víctimas de esta medida. Otros territorios pequeños, como las islas Cocos de Australia, que sí tienen habitantes (593, para ser exactos), también han sido incluidos en la lista negra arancelaria de Trump. La lógica detrás de estas decisiones sigue siendo un misterio, pero el mensaje del presidente parece claro: no hay país o territorio demasiado pequeño para estar exento de su guerra comercial.
Las Islas Heard y McDonald, situadas a más de 4.100 kilómetros de Australia y a solo mil kilómetros del continente antártico, son un paraíso para científicos y exploradores. Declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad, albergan una enorme biodiversidad de pingüinos, focas y aves marinas, pero ninguna actividad comercial. Su montaña más alta, el volcán Mawson, es la elevación más importante de Australia, aunque pocos lo saben. A pesar de que no tienen una economía funcional, cuentan con un código internacional (HM) y un dominio de internet (.hm), lo que aparentemente fue suficiente para que el gobierno de Trump las tratara como un enemigo comercial digno de represalias.
La inclusión de estos territorios genera preguntas sobre la seriedad y la verdadera estrategia detrás de la política de aranceles de EE.UU. Bajo el argumento de aplicar medidas recíprocas, Trump parece haber extendido su lista sin una revisión detallada, agregando incluso lugares donde la única economía en funcionamiento es la de los pingüinos y focas que habitan la zona. Para algunos analistas, esto refleja una política errática e impulsiva, más enfocada en demostrar poder que en lograr un verdadero impacto económico.
Mientras tanto, la comunidad internacional no ha tardado en reaccionar con incredulidad. Expertos en comercio internacional han calificado la decisión de absurda, mientras en redes sociales no faltan los memes y burlas sobre la posibilidad de que EE.UU. empiece a cobrar impuestos a los glaciares o declare la guerra comercial a la Antártida.
Con medidas como esta, Trump sigue demostrando que su guerra comercial no tiene límites. Y aunque la idea de imponer aranceles a territorios sin comercio real puede parecer un error cómico, también deja en evidencia el desorden y la improvisación en la estrategia económica de la Casa Blanca. En esta nueva batalla, ni los lugares más remotos del planeta pueden sentirse seguros.
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